La revolución de la
curva: Oscar Niemeyer
“Le confieso que estoy un poco cansado de
hablar de arquitectura. Más importante que la arquitectura es protestar en la
calle. Se debe pensar en la política, en la miseria, buscar colaborar. Y cuando
se piensa que la cosa está demasiado mala y no hay esperanza en el corazón de
los hombres, es la revolución” [1]
Niemeyer nace en Río de
Janeiro comenzando el siglo XX (1907),
en 1929 ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro,
Escuela dirigida por el Lucio Costa quien sería fundamental en la formación de
Niemeyer. En la oficina de Lucio Costa, participa en el equipo que desarrolla
el proyecto del Ministerio de Educación y Salud. Conoce al arquitecto Le
Corbusier, que llega a Río de Janeiro
invitado por Lucio Costa y Gustavo Capanema, ministro de Educación y
Salud del gobierno para actuar como consultor en los proyectos del MES y de la
Ciudad Universitaria. En 1945 ingresa al Partido Comunista Brasileño, sus obras
estarían marcadas por esta corriente política.
Transcurrido el año de 1956 es
invitado por el presidente de la época para proyectar la nueva capital del
país: Brasilia, es Brasilia su obra
cumbre, allí están reflejados sus ideales de sociedad, es Brasilia la ciudad utópica
de Niemeyer.
La ciudad es concebida como una
oportunidad de inclusión social, en esta los amplios espacios públicos (monumentales)
buscaban democratizar la arquitectura; allí los edificios se elevaban para
permitir el tránsito de los ciudadanos, la elevación permitía una amplitud y
continuidad de la plaza para que fuera permeable y dinámica. Su tendencia
comunista fue más allá de lo formal, también plasmó su tendencia política en
sus procesos constructivo, se inspiró en cierta medida en el brutalismo (edificios
que se dan por terminados sin el acabamiento final de pintura o revestimiento.
"El
nombre tiene que ver con el material porque dejaban el concreto en su forma
original, brutal, pero también tenía que ver con una ideología. Se buscaba no
empeorar todavía más la condición de los trabajadores de la construcción, no
abusar del obrero, que el trabajador no tuviera que subir de vuelta a una grúa
después que la obra se gastara, que no tuviera que manosear más masa con cal
que le puede irritar los ojos o que no se arriesgara a caer. La idea era
minimizar el sufrimiento de la construcción" [2]
Esta frase resume la
sensibilidad del arquitecto por la clase obrera, por estas personas que
materializan las ideas de los arquitectos apilando uno a uno los ladrillos para
levantar el muro que una vez construido les impedirán el acceso a la
edificación.
Niemeyer buscó la armonía
entre estética y conciencia social; el proyecto del Sambódromo (espacio de
convergencia popular) y los edificios en Duque de Caxias, con pórticos,
bibliotecas y teatros, diseñados para revitalizar la zona sur de la ciudad, en
un lugar donde la pobreza es una imposición.
"Partir
del principio de que la arquitectura de los pobres debe ser necesariamente
pobre es una manera de discriminación en contra de ellos. De esa forma no hay
ninguna señal de cambio". [3]
En cada obra se evidencia la
sensibilidad y el carácter social de este arquitecto quien fue también un
humanista, un literato que buscaba respuestas en las novelas, en los escritos
de Heidegger y nunca en los libros técnicos porque afirmaba que la razón es
enemiga de la imaginación. Niemeyer buscó siempre democratizar la ciudad y las
posibilidades para los menos favorecidos, es este personaje honesto con sus principios
y un visionario para la época, supo leer los contrastes en que se desarrollaba
su ciudad para intentar cerrar esa brecha social que nos separa.
“Desde
mi favela veo a los más finos viviendo en la playa, frente al mar, pero no
debemos culparlos. Son prestigiados y, un día, entre nosotros volverán a
vivir". [4]
[1], [2], [3], [4], Oscar Niemeyer.





